La Cueva de Altamira fue descubierta hacia 1869 después de permanecer más de 13.000 años clausurada por el desplome de la entrada. A partir de este momento se alteran las condiciones ambientales que habían permitido mantener intactos los pigmentos durante milenios.
Durante el siglo XX, la frágil estructura geológica de la cavidad, las obras de acondicionamiento en su interior y la entrada masiva de visitantes, fueron algunos de los factores que contribuyeron a desestabilizar el delicado microclima subterráneo. La cueva hubo de ser cerrada al público en 1977 para analizar la situación en profundidad. Se encargó este estudio a la Universidad de Cantabria y en 1982 la cueva fue reabierta al público con un limitado régimen de visitas que perduró hasta septiembre de 2002, cuando nuevamente fue cerrada para estudiar su estado actual.
Desde 1994, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, dependiente del Ministerio de Educación y Ciencia, es el organismo encargado del estudio del estado de conservación de la Cueva de Altamira. En el año 2007 se renovó el Convenio de Colaboración entre el Ministerio de Cultura, Dirección General de Bellas Artes y Bienes Culturales, y el CSIC, con una duración de treinta meses y un coste económico de 360.000 €.
A partir de sus conclusiones se podrá conocer con exactitud el funcionamiento de la dinámica subterránea y el comportamiento de los factores medioambientales. Sus resultados permitirán el establecimiento de un nuevo régimen de visita pública compatible con la más estricta conservación del arte paleolítico.
La investigación se centra en los siguientes aspectos:
Una de las cuestiones más relevantes para la conservación de las pinturas es la preservación del entorno de la cueva puesto que el intercambio de materia entre el subsuelo y la atmósfera es continuo.
El desarrollo del Plan Museológico para Altamira permitió, entre 1997 y 2001, acometer una serie de actuaciones fundamentales para garantizar esta protección: La adquisición de terrenos en las proximidades de la cueva, la ordenación del suelo mediante la supresión de caminos, viviendas e instalaciones ganaderas situadas en su entorno. Estas han sido, entre otras, algunas de las medidas que han permitido restituir el paisaje en el entorno de la cueva y controlar el uso del suelo evitando las actuaciones nocivas.
Actualmente, el Museo de Altamira es titular de más de 160.000 m2 de terreno en la superficie de la Cueva de Altamira.
“Cueva de Altamira and the preservation of its Palaeolithic art” LASHERAS, J.A.; HERAS MARTIN, C. (2006): Cueva de Altamira and the conservation of its Palaeolithic art. Coalition: CSIC Thematic Network on cultural heritage, Electronic Newsletter, nº 12, p. 7-13. Madrid: CSIC. Disponible en Web www.rtphc.csic.es/boletin
Bibliografía específica sobre la conservación de la Cueva de Altamira